Para GuanajuatoVirtual, esta historia tiene algo especialmente atractivo: a diferencia de muchas leyendas de Guanajuato, La Casamata o El Polvorín sí existió y su función relacionada con la pólvora está documentada.
La construcción se encuentra en la zona de Marfil, frente a la antigua Hacienda de los Cipreses. Documentos de planeación territorial de Guanajuato señalan que su construcción terminó en 1773 y que estaba destinada al almacenamiento de pólvora. Además, el INAH la tiene registrada como “Casamata o El Polvorín”, dentro del catálogo de monumentos históricos.
Pero detrás de sus gruesos muros existe una historia mucho más inquietante.
Durante el siglo XVIII, Guanajuato era uno de los grandes centros mineros de la Nueva España. La explotación de las minas necesitaba pólvora para abrir socavones y fracturar la roca, pero almacenar grandes cantidades de este material dentro de la ciudad representaba un peligro enorme.
En 1767, después de la expulsión de los jesuitas, Guanajuato vivió disturbios. Durante aquellos acontecimientos, los habitantes saquearon el Real Estanco de la Pólvora y, según una historia documentada por el Archivo General del Estado, la pólvora fue arrojada al río para impedir que pudiera utilizarse contra los pobladores.
El incidente dejó clara una cosa: la pólvora necesitaba un lugar más seguro.
Así surgió la necesidad de construir un depósito alejado de las zonas más pobladas.
La solución fue la Casa Mata, también conocida como El Polvorín, levantada en la Cañada de Marfil, frente a la Hacienda de los Cipreses. Su construcción concluyó en 1773.
¿Por qué se llamaba Casamata?
El término casamata tiene origen militar y hace referencia a una construcción protegida destinada al almacenamiento de armas, municiones o pólvora.
En Guanajuato, sin embargo, su función tuvo una importancia particular: la pólvora estaba estrechamente relacionada con la minería.
Las minas necesitaban explosivos para avanzar por la montaña y alcanzar las vetas de plata.
Por eso, La Casamata se convirtió en una especie de guardián de uno de los materiales más peligrosos y necesarios de la ciudad.
El secreto de sus muros
La arquitectura de la construcción tenía una razón de ser.
La Casa Mata fue concebida como un recinto resistente y protegido. Una investigación reciente sobre la construcción señala que se trataba de un espacio de adobe contenido dentro de una estructura exterior de piedra, precisamente para ofrecer mayor seguridad al material almacenado.
Y aquí comienza el misterio.
Durante generaciones, los habitantes de Guanajuato han observado sus muros y se han preguntado qué ocurrió realmente dentro de aquel recinto.
¿Por qué construir un depósito tan robusto?
¿Qué cantidad de pólvora llegó a almacenarse?
¿Existieron cámaras interiores que hoy ya no podemos ver?
La documentación confirma su función como polvorín, pero no encontré evidencia histórica fiable que confirme la existencia de un “tesoro oculto”, túneles secretos o una cámara misteriosa específicamente relacionada con La Casamata.
Sí sabemos que en las cercanías de la construcción existieron importantes obras subterráneas. De hecho, décadas después se construyó el túnel del Cuajín, cuyo recorrido terminaba en un punto cercano a la Casa Mata y la Hacienda de los Cipreses. Su finalidad era controlar las aguas y proteger a Guanajuato de las inundaciones.
Esto probablemente ayudó a alimentar con el tiempo las historias sobre túneles y secretos bajo la montaña.
La pólvora que podía cambiar una ciudad
La historia de La Casamata también permite entender algo fundamental sobre Guanajuato.
La riqueza de la ciudad no estaba solamente en la plata.
Estaba también en todo aquello que hacía posible extraerla.
Mineros.
Herramientas.
Agua.
Túneles.
Y pólvora.
Una sustancia capaz de abrir la montaña… pero también de destruir una casa entera si era manejada incorrectamente.
Por eso, aquel edificio aparentemente olvidado fue durante años una pieza fundamental del sistema minero y de seguridad de Guanajuato.
Hoy, La Casamata permanece como un vestigio poco conocido de aquella época.
Sus muros ya no custodian los barriles de pólvora de la Nueva España.
Pero todavía parecen guardar una pregunta:
¿Cuántos secretos de la antigua Guanajuato quedaron encerrados detrás de esas paredes?
