Los Monjes del Hotel San Diego

Los franciscanos descalzos, conocidos también como dieguinos, llegaron a Guanajuato en enero de 1663 y establecieron el convento de San Pedro de Alcántara. El conjunto llegó a ocupar una extensión considerable en lo que hoy corresponde a zonas del Templo de San Diego, Hotel San Diego, Teatro Juárez y Jardín de la Unión.

Con el paso del tiempo, aquella zona sufrió grandes transformaciones. El antiguo convento desapareció en buena parte y posteriormente surgieron nuevas construcciones, entre ellas el Teatro Juárez y otros edificios que forman parte del centro histórico.

De esa transformación nació una de las leyendas más inquietantes de Guanajuato: Los Monjes de la Calle Subterránea.

Según la tradición, cuando comenzaron las obras que transformarían aquella zona, ocurrió una tragedia: la cúpula del antiguo convento habría colapsado y seis albañiles habrían muerto. La leyenda interpretó aquel acontecimiento como una especie de castigo por haber alterado el antiguo espacio religioso.

Después surgió el relato de dos monjes espectrales.

Se dice que aparecen durante la madrugada, aproximadamente entre las dos y las tres de la mañana, vestidos con largos hábitos y capuchas que ocultan parcialmente sus rostros.

La versión tradicional cuenta que sus figuras pueden aparecer cerca del Teatro Juárez y que, de manera inexplicable, atraviesan o parecen surgir de los muros. Después descienden hacia la Calle Subterránea y continúan caminando en dirección a la parte posterior del Hotel San Diego, mientras murmuran una oración.

Otras versiones modernas de la leyenda relacionan directamente al hotel con fenómenos extraños: huéspedes han contado sobre ruidos inexplicables, puertas que se azotan, objetos que aparentemente se mueven y figuras de monjes observadas desde algunas habitaciones. Una fuente que recoge testimonios del propio hotel señala también relatos sobre un hombre con sombrero de copa, un niño y movimientos de lámparas, aunque se aclara que estos fenómenos no han sido comprobados.

Así, el Hotel San Diego queda envuelto en una historia donde la arquitectura actual se encuentra con la memoria del antiguo convento.

Y quizá esa sea la parte más fascinante de la leyenda:

¿son realmente espíritus que regresan a cuidar el lugar que alguna vez fue su hogar… o simplemente una historia que sobrevivió al paso de los siglos?