El hombre detrás de la historia
José María de Jesús Belaunzarán y Ureña nació en la Ciudad de México el 31 de enero de 1772. Estudió en el Colegio de San Nicolás Obispo de Valladolid y, siendo muy joven, ingresó en la rama franciscana de estricta observancia vinculada a los dieguinos. Fue ordenado sacerdote en 1796 y desempeñó diversos cargos religiosos hasta convertirse en guardián del convento dieguino de Guanajuato. PortalGuanajuato.MX
Ese último cargo terminaría colocándolo en medio de uno de los episodios más violentos del inicio de la Guerra de Independencia.
Guanajuato después de la Alhóndiga
El 28 de septiembre de 1810 las fuerzas insurgentes habían tomado Guanajuato y la Alhóndiga de Granaditas. Después, Miguel Hidalgo y su ejército abandonaron la ciudad para continuar la campaña.
Tras la derrota insurgente en Aculco, Ignacio Allende regresó a Guanajuato e intentó organizar su defensa ante el avance del ejército realista de Félix María Calleja y Manuel de Flon, conde de la Cadena. Finalmente, los insurgentes abandonaron la ciudad ante la superioridad realista. PortalGuanajuato.MX
Pero antes de la entrada de los realistas ocurrió otro episodio sangriento.
Prisioneros españoles que permanecían dentro de la Alhóndiga fueron asesinados. Las fuentes manejan cifras y detalles que no siempre coinciden, pero el acontecimiento provocó una fuerte represalia cuando las tropas realistas recuperaron Guanajuato. PortalGuanajuato.MX
25 de noviembre de 1810
Era la mañana del domingo 25 de noviembre de 1810.
Las fuerzas de Calleja y Flon entraban en Guanajuato después de derrotar la resistencia insurgente. El Archivo General del Estado describe a la ciudad como presa del pánico ante la llegada del ejército realista. Archivo General Gto
Las tropas entraron con orden de degüello.
En el lenguaje militar de aquella época no se trataba simplemente de una amenaza: significaba matar sin dar cuartel.
La Secretaría de Cultura de Guanajuato recoge que Flon había dado la orden a sus dragones y que, cuando estaba a punto de cumplirse, apareció el fraile dieguino José María de Jesús Belaunzarán. cultura.guanajuato.gob.mx
Y allí comienza el episodio por el que sería recordado.
Un fraile frente a los soldados
Belaunzarán salió al encuentro de las tropas.
No llevaba un ejército.
No tenía fusil.
Llevaba un crucifijo.
La tradición histórica conservada por diversas fuentes cuenta que se interpuso ante Manuel de Flon y le pidió que suspendiera la orden, argumentando que las personas que permanecían allí no habían participado en los asesinatos; de haber sido culpables, dijo, habrían escapado hacia las montañas. cultura.guanajuato.gob.mx
Una versión tradicional añade una imagen todavía más poderosa: Belaunzarán habría sujetado la rienda del caballo del jefe militar mientras levantaba el crucifijo. Esa representación quedó profundamente ligada a la memoria visual del episodio y aparece también en la obra del artista guanajuatense Manuel Leal.
No todas las fuentes describen exactamente igual ese gesto físico, así que conviene distinguirlo de lo esencialmente documentado: la intervención del religioso y la suspensión de la orden de degüello.
El crucifijo frente a las bayonetas
Las palabras atribuidas a Belaunzarán fueron una apelación religiosa y moral.
Pidió que se suspendiera la orden y presentó el crucifijo ante el militar, recordándole que tendría que responder ante Dios por la sangre que pretendía derramar.
La escena resulta extraordinaria por su contraste:
de un lado, soldados armados, caballos y bayonetas.
Del otro, un fraile sosteniendo un crucifijo.
Flon finalmente suspendió la orden.
Es probablemente de esta imagen de confrontación entre el religioso y las tropas de donde resulta natural describir el episodio como una especie de “tregua de las bayonetas”. Sin embargo, en las fuentes que consulté no encontré esa expresión como nombre histórico formal del acontecimiento. Es mejor utilizarla como título evocador, no como denominación documental oficial.
Guanajuato no quedó libre de represalias
Hay un detalle fundamental que no debemos eliminar para convertir el episodio en una historia demasiado perfecta.
Belaunzarán consiguió detener el degüello indiscriminado, pero las represalias no terminaron.
En los días siguientes hubo fusilamientos y ahorcamientos de personas señaladas por su participación en la insurgencia. Las cifras varían según las fuentes: una investigación de la UNAM recoge alrededor de 138 ejecutados, mientras el cronista José Eduardo Vidaurri menciona 156 insurgentes ejecutados durante los tres días siguientes.
Otra investigación histórica conservada por el Archivo General del Estado contabiliza 73 fusilados y ahorcados en un determinado recuento, en su mayoría mineros, lo que demuestra que las cifras dependen de qué ejecuciones y periodo contabiliza cada fuente.
Por eso, lo históricamente prudente es decir:
Belaunzarán evitó una matanza indiscriminada de la población, pero no consiguió impedir las posteriores represalias realistas.
El propio Belaunzarán terminó detenido
La historia tiene una ironía poco conocida.
Después de haber intervenido para proteger a los habitantes, el propio Belaunzarán fue aprehendido.
Documentación histórica señala que fue acusado por su actuación durante aquellos acontecimientos y por haber predicado en circunstancias relacionadas con la insurgencia.
Sobrevivió y continuó su carrera religiosa.
Décadas después alcanzaría una posición extraordinariamente importante: en 1831 fue consagrado obispo de Linares, en el contexto de los primeros nombramientos episcopales del México independiente.
Murió en la Ciudad de México el 11 de septiembre de 1857, a los 85 años; esta fecha está respaldada también por documentación histórica de León.
La calle Padre Belaunzarán
Guanajuato terminó perpetuando su memoria de una manera muy particular.
La actual calle Padre Belaunzarán fue construida sobre un tramo del antiguo cauce del río para mejorar la circulación de la ciudad. Fue puesta en servicio el 31 de julio de 1951, y recibió el nombre del fraile precisamente en recuerdo de su intervención de 1810. Scribd
Así, miles de personas pasan actualmente por un lugar cuyo nombre recuerda a un hombre que, más de dos siglos atrás, se interpuso ante un ejército.
Entre historia y leyenda
Es fácil entender por qué el episodio adquirió dimensiones legendarias.
Un ejército entra en una ciudad vencida.
Las bayonetas avanzan.
Un sacerdote aparece frente a un militar montado.
Sujeta las riendas según la versión tradicional.
Levanta un crucifijo.
Y consigue detener la orden.
Pero detrás de la imagen existe un acontecimiento histórico mucho más complejo: la insurgencia, los asesinatos de españoles en Granaditas, la reconquista realista, el miedo de la población y las ejecuciones posteriores.
Belaunzarán no terminó con la violencia de aquellos días.
Pero su intervención evitó que la orden de degüello continuara ejecutándose indiscriminadamente.
Por eso, más de dos siglos después, Guanajuato todavía conserva su nombre.
Padre Belaunzarán: el fraile que enfrentó las bayonetas con un crucifijo.
Fuentes
- Archivo General del Estado de Guanajuato, boletines e investigaciones sobre los dieguinos y los acontecimientos de noviembre de 1810. Archivo General Gto
- Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, Un recorrido a través de la historia de Guanajuato. cultura.guanajuato.gob.mx
- UNAM, materiales históricos sobre la Guerra de Independencia y la recuperación realista de Guanajuato. Instituto de Investigaciones Históricas
- José Eduardo Vidaurri Aréchiga, cronista municipal de Guanajuato, “Fray José María Belaunzarán”. PortalGuanajuato.MX
- Gabriel Medrano de Luna, Universidad de Guanajuato, Como me lo contaron se los cuento. Leyendas de Guanajuato, que incluye “El Padre Belaunzarán”. Hipermedia UG
- Estudios históricos sobre la calle Padre Belaunzarán y la memoria urbana de Guanajuato.
